Dios, era Juan, era Juan.
Yo no creo en el destino, pero esto es una asquerosa casualidad que me deja sin esperanzas de volver a verle.
Y con esto es cierto lo que me dijeron mis amigas:
-Sí, pero lo mejor de todo es que yo no le había visto en mi vida y resulta que vive aquí en la ciudad.-Dije yo.
-¿Sí? Pues ahora le verás más a menudo.
-Sí, porque yo una vez conocí aun chico que era tan pegajoso con las tías que parecía un chicle y luego le veía en todos los sitios y yo huía de él.-Dijo Nicole.
-Sí, es ley de vida, no ves a nadie hasta que oficialmente le conoces.
-Ya veréis como no.-Dije.
-Ya verás como sí.-Dijeron todas.
-Dale tiempo al tiempo.-Dijo Estrella.
Pues va a resultar que tienen razón.
Alegría para el cuerpo.
-¿Le conoces?
-Sí.
-Espera, tú te llamas Verónica, ah sí, ¡os conocisteis cuando fue con sus tíos a la montaña!
-Am... ¿y tú por qué lo sabes?
-Yo..., esto..., es que resulta que yo soy su vecina, la que vive justo al lado de su casa y nos llevamos muy bien...
-Vamos, que tuvisteis algo algún día.
-También... El caso es que entré a su casa porque íbamos a ir a jugar un partido todos los amigos (tenemos amigos en común) y fui a buscarle a casa y en esto de que se fue al baño y dejó en el Tuenti una conversación abierta donde contaba que había conocido a una chica que..., que le había caído bien y que le sonaba y tal y se lo estaba contando a un amigo pero no vi más porque entonces salió del baño y me tuve que ir.
No dije nada.
-Vaya creo que he hablado de más.
-No no tranquila, es que es bastante información de golpe.
-Entiendo porque a ti te gusta.
-No.
-Bueno, pues si no te gusta te atrae.
-¡No! Me gusta Álvaro.
-¿Álvaro? Ah, ese debe de ser tu novio, he visto que tienes novio, comprendo, vale-la fulminé con la mirada-, está bien: mucha información de golpe.-La sonreí.
Juan no se volvió a girar en todo el trayecto del bus, y yo me puse mis cascos con la música a tope y la dije a Ana:
-Ana me pongo la música a tope, si quieres algo en el poco trayecto que queda me das en el hombro porque no oigo nada.
Estaba todo el rato mirando por la ventana, viendo los árboles pasar, el sol moverse lentamente, un valle hundido por el medio indicando que hay un río, flores, tonos veraniegos (amarillo, azul, verde) y un poco el marrón del otoño que indica que estamos en Agosto.
Por el reflejo del cristal vi que su compañero de asiento (el de Juan) se giraba y señalaba hacía nosotras (Ana y yo) pero decidí pasar de él. Juan ni se inmutó, de echo su compañero le dio en el hombro y el no le hizo caso. También tenía los cascos puestos.
♥Sigue soñando hasta agotar tu imaginacion y siente escalofríos con lo especial y esencial que es♥
miércoles, 17 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
Hay veces que toda la clase está halando y por alguna razón todos se callan, en el bus pasó algo parecido, solo que el mundo se detuvo y en un segundo nadie habló.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!-Juro que ese fue el mayor grito que di en toda mi vida.
-¡Venga hombre! Os oí correr, y luego volver por donde habíais venido y otra vez al lado de mi habitación corriendo y salí, y he oído la historia y no he podido desaprovechar el momento, ¡me lo habíais puesto a huevo!
-Agradable.-Dije con voz seria y monótona.
Ese fue el último día que estuvimos, allí en la montaña fuimos tres días, cuando yo en teoría estaba en el pueblo de Estrella de fiestas, ella tiene una hermana mayor y con su ayuda hemos conseguido que mis padres se lo creyeran, y Álvaro igual, de fiestas en el pueblo de su mejor amigo; el caso es que ese último día subimos hasta la Mujer Muerta (que es una montaña).
La leyenda cuenta que una mujer enamoró a dos hombres, uno de ellos celoso del otro le propuso una guerra. En esta batalla la dama quiso evitar que falleciera ninguno de los dos y con ese motivo la joven falleció. Esa noche se desencadenó una tormenta con la cuál se moldeó la parte de arriba de la montaña creando la silueta de una mujer boca arriba.
Un día oí a una chica de unos veinticinco años llamarla no Mujer Muerta, sino la Bella Durmiente; a mi me encantó y desde ese día quise subir allá arriba.
Era uno de mis propósitos por eso.
Tres días después estaba con mis amigas discutiendo sobre por qué tenía que ir a un campamento.
A mis amigas ya les había contado todo lo de mi "puente" con Álvaro en la montaña, excluyendo el echo de que me embobé con Juan.
-¡Seguro que fue genial! Tres días con tu novio en la montaña... Guau. No digo más.-Palabras de estrella.
-Y así por casualidad y curiosidad..., no conociste a nadie agradable del que nos tengas que hablar o presentar, ¿no? Yo solamente lo dejo caer.
-Am...-Y les conté lo de Juan, pero disminuí mi embobamiento con él.
Al siguiente día por la tarde estábamos mis padres, mis amigas, Álvaro y yo esperando el bus, me iba a subir, después de despedirme de todos (me alejé para "saludar a alguien") y despedirme de Álvaro. Y me dijo:
-Te llamaré y espero que no se enamore nadie de ti porque algún día puede tener un mal encontronazo.-Sí, lo dijo con ese tono que tanto me saca de quicio pero a la vez me encanta.
Ya subida en el autobús me senté con la que iba a ser mi primera amiga del campamento durante estas dos semanas, era castaña con los ojos verdes y un poco marrones (como muchísima gente al contrario que yo que les tengo marrones), se llama Ana y me ha caído bien y creo que yo a ella también.
-¡Juan! ¡No me mandes cosas al móvil por bluetooth!
Juan. Juan. Juan. No, sería otro Juan.
Se giró, la vio, la sonrió. Me vio, le vi. Nos quedamos pasmados, noté que me subían los colores porque nos habíamos quedado como estatuas sin saber reaccionar y vi que a él le pasaba lo mismo. Hice un movimiento de cabeza a modo de saludo y me le devolvió. Luego se giró y volvió después de un minuto o así a hablar con su acompañante.
Sí, era Juan.
-¡Venga hombre! Os oí correr, y luego volver por donde habíais venido y otra vez al lado de mi habitación corriendo y salí, y he oído la historia y no he podido desaprovechar el momento, ¡me lo habíais puesto a huevo!
-Agradable.-Dije con voz seria y monótona.
Ese fue el último día que estuvimos, allí en la montaña fuimos tres días, cuando yo en teoría estaba en el pueblo de Estrella de fiestas, ella tiene una hermana mayor y con su ayuda hemos conseguido que mis padres se lo creyeran, y Álvaro igual, de fiestas en el pueblo de su mejor amigo; el caso es que ese último día subimos hasta la Mujer Muerta (que es una montaña).
La leyenda cuenta que una mujer enamoró a dos hombres, uno de ellos celoso del otro le propuso una guerra. En esta batalla la dama quiso evitar que falleciera ninguno de los dos y con ese motivo la joven falleció. Esa noche se desencadenó una tormenta con la cuál se moldeó la parte de arriba de la montaña creando la silueta de una mujer boca arriba.
Un día oí a una chica de unos veinticinco años llamarla no Mujer Muerta, sino la Bella Durmiente; a mi me encantó y desde ese día quise subir allá arriba.
Era uno de mis propósitos por eso.
Tres días después estaba con mis amigas discutiendo sobre por qué tenía que ir a un campamento.
A mis amigas ya les había contado todo lo de mi "puente" con Álvaro en la montaña, excluyendo el echo de que me embobé con Juan.
-¡Seguro que fue genial! Tres días con tu novio en la montaña... Guau. No digo más.-Palabras de estrella.
-Y así por casualidad y curiosidad..., no conociste a nadie agradable del que nos tengas que hablar o presentar, ¿no? Yo solamente lo dejo caer.
-Am...-Y les conté lo de Juan, pero disminuí mi embobamiento con él.
Al siguiente día por la tarde estábamos mis padres, mis amigas, Álvaro y yo esperando el bus, me iba a subir, después de despedirme de todos (me alejé para "saludar a alguien") y despedirme de Álvaro. Y me dijo:
-Te llamaré y espero que no se enamore nadie de ti porque algún día puede tener un mal encontronazo.-Sí, lo dijo con ese tono que tanto me saca de quicio pero a la vez me encanta.
Ya subida en el autobús me senté con la que iba a ser mi primera amiga del campamento durante estas dos semanas, era castaña con los ojos verdes y un poco marrones (como muchísima gente al contrario que yo que les tengo marrones), se llama Ana y me ha caído bien y creo que yo a ella también.
-¡Juan! ¡No me mandes cosas al móvil por bluetooth!
Juan. Juan. Juan. No, sería otro Juan.
Se giró, la vio, la sonrió. Me vio, le vi. Nos quedamos pasmados, noté que me subían los colores porque nos habíamos quedado como estatuas sin saber reaccionar y vi que a él le pasaba lo mismo. Hice un movimiento de cabeza a modo de saludo y me le devolvió. Luego se giró y volvió después de un minuto o así a hablar con su acompañante.
Sí, era Juan.
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