lunes, 14 de noviembre de 2011

No tienes que soñar tus besos, tienes que besar al chico de tus sueños.

Ana se dio la vuelta dispuesta a marcharse pero la paré los pies.
-¿Dónde te crees que vas?-La espeté.-Ahora vas a explicarme ahora mismo lo que pasó anoche cuando tú y el resto entrasteis y visteis en este habitación.
-Pues verás Verónica..., el caso es que como media hora después de que te fueras a mi y al amigo de Juan, Alberto, nos tocó en el juego y nos pasamos del límite, y por eso estamos juntos ahora, y ademásoímos a la habitación de al lado y decidimos que si seguíamos haciendo ruido como ellos nos pillarían y no fuimos, pero yo me retrasé un poco más..., por motivos del juego...,-tosió-y..., entonces te vi cuando llegué y vi al resto cuchicheando y fue cuando vi a..., Juan..., durmiendo junto a ti con una mano a tu lado y os hicimos una foto y Juan se despertó y se fue muy rojo...
-¡ANA! Me habeis hecho una foto con Juan a mi lado durmiendo después de lo que pasó.-No lo hice como una pregunta sino como una afirmación.-Joder, pero como se os ocurre no haberle echado, Dios.
-Pero... hicisteis algo...
-¡NO! Yo llegué, le vi, me pidió perdón le dije que se fuera y me metí en la cama y me dormí en seguida.
-Verónica, Ana, que llegamos tarde al desayuno, que son ya las nueve y es el último día, ¡a ver que nos ponen!-Nos dijo una compañera de habitación.
Llegamos justo cuando entraba nuestra habitación. Desayunamos chocolate con churros y ese día nos tocaba piragüa y tirolina, nos habían dejado decidir.
Yo entré la última, y Juan estaba en frente de mí pero en la mesa de al lado. Me manché la nariz de chocolate y Juan me hizo una señal para que me lo quitara, me puse roja y salí del comedor.
Cinco minutos después Juan me cogió del brazo y me dijo las palabras mágicas:
-Tenemos que hablar.
-No.-Me solté y me fui.
-No siento haberte besado ayer.-Me paré en seco.-Y sé que tú tampoco porque no hiciste nada por detenerlo, ni morderme ni nada, además de que no podías, y ya sé que me he liado con otra chica pero es que tú me gustas y era un plan que tenía, ponerte celosa para que yo te gustara, pero ya veo que tu novio tiene más poder que yo pero yo solo te... me gustabas, bastante.-Me quedé sin habla. Lo único que se me ocurrió fue seguir para adelante, y cuando crucé la esquina echar a correr, me vio un chico que no era monitor pero que era más mayor que yo:
-¿Estás bien?-Me paré.
Le miré y con ojos tristes seguí corriendo hacia delante.

Ese día por la tarde en la piscina los monitores organizaron un juego con todos los chicos del campamento. Luego, de merienda, hubo Nocilla en el bocadillo. Para cenar tuvimos pizza, y por la noche hubo disco. Eso sí, los monitores no tuvieron ninguna duda a la hora de poner las dos únicas norma para entrar en la disco:
-Va a haber dos normas: 1.Los mayores, los Seniors, se quedarán solo hasta las doce y media de la noche, y los pequeños hasta las once, y 2. Todo el mundo para entrar tiene que tener pareja.-Se oyeron murmullos de todos nosotros, naturalmente los pequeños no tenían problema, pero los mayores...-Sí, y no hay más que hablar, a la, hasta la hora hacer lo que queráis.
Yo llevaba una faldita blanca y una camiseta junto con unas manoletinas en un tono neutro, todo el mundo, y digo todo el mundo, tenía pareja. Cuando nos mandaron entrar fueron revisando a que entráramos, nos quedamos fuera seis personas, cuatro mayores y dos pequeños.
-¿Vais a hacer parejas?-No contestamos ninguno. Como diez minutos después nos hicieron parejas los monitores. Los peques juntos, y de los mayores me tocó con uno gordito y al otro chico con una chica, en cuanto entré por la puerta con mi pareja obligatoria nos soltamos y no nos volvimos a ver.
Estuve bailando todas con mi grupo de habitación, o sea, mis amigas, hasta que empezaron las temidas canciones lentas, Ana se puso con su novio, el resto nos quedamos quietas y algunas decidimos irnos a por algo de beber mientras que las otras bailaban.
Cuando iba en dirección a la barra de bebidas...:
-Eh, eres tú.-Era el chico que me había visto medio llorar mientras corría.
-Eh... Hola.
-¿Bailas?-Me tendió una mano y yo se la cogí.
Bailamos una canción lenta y muy bonita.
-No sé bailar.-Le dije.
-No importa, es así.-Me enseñó.-Oye... ¿estás mejor que esta mañana?
-¿Cómo?-Le miré a los ojos y me estaba sonriendo.-Ah... sí, mucho mejor, gracias.
-¿Qué ocurrió esta mañana?
-Nada, un problema que me surgió con unas chicas...
-Serán estúpidas porque tu eres una gran persona.-Me lo dijo sonriendo y era lo más bonito que me habían dicho, estuve bailando y le di las gracias y luego me disculpé unos segundos antes de que acabara la canción y me fui al baño.
Cuando volví seguían con las lentas, así que vi una silla y me senté.
Como una canción después vi a un chico que se dirigía hacia mí.
-¿Bailas?-Era Juan.
-Vale.-Le cogí la mano.
Bailamos como recientemente me había enseñado el otro chico.
Lento. Apacible. Suave.
-Lo siento.-Le dije.-Por lo de esta mañana.
-¿Por qué lo vas a sentir? ¿Por que me gustes?
-Am.... supongo que sí.
-Eres tontísima.
-¡No te burles de mí!-Protesté mientras le daba un puñetazo en el hombro.
-¡Ay!
-Bueno, pues eso, que lo siento.
-No pasa nada, tranquila, además solo queda esta noche y mañana por la mañana.
Le miré a los ojos, le sonreí y le di un beso en la mejilla, suave, lento, dulce.
-Le prefiero en los labios.-Me dijo. Le miré seriamente.-Vale, vale.
Se acabó la canción,  pero justo al final me abracé a él, él se asombró pero me correspodió al abrazo. Y así pasamos la última canción lenta de la noche, pero antes de separarnos, le susurré:

-Aunque seas por fuera un capullo, eres genial, y guapo, pero genial.
El resto de la noche la pasé bailando y a las doce y media mis amigas y yo lloramos porque era el final del campamento.