jueves, 22 de diciembre de 2011

Y de repente algo tan pequeño como un sonido, una canción, una palabra, incluso un olor, te llega y te cambia.

Sí, lloramos. Se acababa el campamento donde durante quince días habíamos hecho amigos, amigas, novios, novias, nuevas historias y anécdotas. Era algo que solamente alguien que hubiera estado en uno podría comprenderlo.
Nos consolamos mutuamente todas las chicas, las que tenían novio también aprovechaban para no volver a verse jamás, el resto llorábamos compartiendo hombros encima de todas.
Ya se me había pasado la llorina cuando vi a Juan y corriendo le pegué un abrazo inmenso mientras un par de lágrimas, o tres, o cuatro se me resbalaban por la mejilla.
-Eh, no llores.-Me dijo.
-No lloro, sudo por los ojos, hace mucho calor.
-Claro, y yo por todo el cuerpo, ah, y me lloran las manos.
-Gilipollas.
-Gilipollas everywhere.-Contestó Juan.
-Te echaré de menos, espero que algún día nos veamos.-Le dije.
-Sí, la ciudad no es muy grande, ¿no?-Asentí con la cabeza.
-Sí, pero hasta ahora no nos habíamos visto.
-Es verdad, pero dicen que no ves nunca a nadie hasta que lo conoces y lo ves todos los días.
-Cierto.
Nos dimos dos besos y el autobús nos reclamó a cada uno a su destino, algunos a la capital y yo a mi ciudad.
En el bus, Ana y yo nos dimos nuestro Tuentis, Facebooks, Messengers, direcciones de casa y por si faltaba algo, también nuestro móviles.
-Estoy impaciente, en mi casa habían estado pintando en lo que yo estaba en el campamento.-Dijo Ana.
-En la mía no y no estoy impaciente.
-Pero si volverás a ver a tu novio y a tus amigas.
-Y tu a las tuyas.
-Ya, pero no es lo mismo.-Dijo Ana y yo asentí.
-Además-dije- de aquí a poco más de dos semanas empezamos el instituto, y mi madre estará insoportable con lo de los libros y forrarlos y tal, y mi hermana pequeña en una semana le empieza y me tocará forrarla los libros y tal.
-Buf, prefiero pensar que este fin de semana son las fiestas del Rojerillo y me voy allí.
-¡Yo también me voy!-La dije a Ana.
-¿A dónde vais?-Preguntó Juan.
-¡A las fiestas del Rojerillo!-Dijimos Ana y yo a coro.
-Coño, y nosotros.-Dijo Juan señalándose a él y a su amigo.
Continuamos hablando de eso hasta llegar al mismo sitio del que partimos hace quince días.

Allí estaban todos los padres. Pero cuando digo todos, es todos. Es más, creo que había gente de más.
Yo llamé a mis padres para avisarles de que había llegado porque hoy no podían estar, es más, en mi casa estaban mi hermana y cuidándola, mi abuela.
-Mira Yaya, ¡ha venido Vero!
-Sí, ya lo veo. ¿Qué se lo ha pasado la Princesa de la casa?
-De maravilla Yaya.-Se podía decir que era más una costumbre que una necesidad, porque a veces la llamaba Leo (de Leonor).
Ese día comí comida China, me tocaba elegir, y comí con mis padres que llegaron aquí. Se habían ido a un funeral de un amigos suyo que no conocíamos a Madrid.
Por la tarde no salí con mis amigas porque aun estaban todas en sus respectivos pueblo o de cumple o en casa de alguien, así que quedé toda la tarde con Álvaro.
Quedamos a las cuatro y media en la puerta de la piscina, vale, sí, era uno Septiembre y lo lógico era aun ir a la piscina mientras siguiera abierta, y seguía abierta toda esta semana, luego cerraba sus maravillosas puertas hasta la próxima llamada del calor en el año que comenzaba dentro de cuatro meses.
A las cuatro y media, además, en punto, estaba allí, y esta vez la persona que llegó tarde, aunque solo cinco minutos (como yo habitualmente) fue Álvaro.
Cuando llegó practicamente salté hacia él y en un beso recuperé todos los besos de quince días pero, pero, entramos en seguida.
Nos metimos en el agua pero no mucho tiempo, estaba fría, vale, estábamos juntos, pero eso no quita tanto el frío del agua como quien dice:
-Álvaro...-le dije mientras le daba un beso-vámonos a la toalla, estoy helada.
-Mm... ¿cómo puedes estar helada? Mira, yo estoy calentito...
-Estás caliente, no confundamos términos.-Me echó una mirada asesina.-Es verdad.
Me sumergí bajo el agua, le rodeé y le hice una pulla: le bajé el bañador.
Y me salí por el bordillo.
Corrí. Mucho. Muchísimo.
Casi me echan de la piscina por correr en el recinto de la zona del bordillo de la piscina, pero me fui a la toalla.
Y cosas como esa, muchísimas.
Hablamos, nos besamos, jugamos a las cartas, comimos, nadamos, nos pelamos, le mordí la oreja y le eché de menos, muchísimo, en realidad no me había dado cuenta de lo que le había echado de menos en eso quince días, entre lo de Juan y tal, bueno, en realidad era Juan en general todo.
Guau.
-¿En qué piensas?
-En nada.
-¡Venga ya! Tienes las mejillas coloradas y además veo y sé que estás pensando.
-Estaba pensando en ti, en que no tenía ni idea de lo que te había echado de menos en el campamento, con todas las actividades, los amigos, las típicas historias de campa... campamentos y tal. Guau.
-Normal, era un campamento, pero... ¿amigos?
-Amigos.
-¿Chicos?
-Y chicas.
-Pero... ¿chicos también?
-Claro.-Álvaro me miró seriamente.-Dada tu costumbre de tontear con todos los chicos, seguro que utilizaste mi propuesta de tener libertad con los chicos tú y con las chicas yo estos quince días. Seguro.
-Eso es como ofrecer pan al que tiene sed.
-¿Y qué? Cada uno que apechugue con lo suyo. ¿Y tú? Porque tú no te quedabas corto a la hora de tontear conmigo.
-Ni tú conmigo.
-Pues eso. ¿Qué has estado haciendo estos quince días?
-Nada, además, cuando te dije eso me dijiste que no hacía falta que no necesitabas a nadie así que  no pasó nada ni contigo ni conmigo, es más, estos días he ido al cine con mis amigos, he practicado con el monopatín porque mañana, por si no te acuerdas, tengo competición y he venido a la piscina.
-Lo siento, de verdad, te prometo que no quería ponerme así, pero es que, no sé, me he sentido fatal cuando no has confiado en í pidiéndome explicaciones cuando sabes perfectamente que no hice nada que pudiera evitar.
-Lo sé, yo también lo siento, pero es que no puedo evitar sentirme celoso cuando has estado quince días rodeada de gente nueva y que no conoces siendo la persona que tú elijas ser. Y sé que no harías ni has hecho anda que no quisieras hacer, por eso pregunto, ¿te han obligado a hacer algo o algo así? Porque por el tono en que has dicho eso y la cara y todo... Vamos, que empezamos a salir en Noviembre del año pasado, llevamos casi diez meses juntos, te conozco lo suficiente como para ver eso.
Me dio un beso.

lunes, 14 de noviembre de 2011

No tienes que soñar tus besos, tienes que besar al chico de tus sueños.

Ana se dio la vuelta dispuesta a marcharse pero la paré los pies.
-¿Dónde te crees que vas?-La espeté.-Ahora vas a explicarme ahora mismo lo que pasó anoche cuando tú y el resto entrasteis y visteis en este habitación.
-Pues verás Verónica..., el caso es que como media hora después de que te fueras a mi y al amigo de Juan, Alberto, nos tocó en el juego y nos pasamos del límite, y por eso estamos juntos ahora, y ademásoímos a la habitación de al lado y decidimos que si seguíamos haciendo ruido como ellos nos pillarían y no fuimos, pero yo me retrasé un poco más..., por motivos del juego...,-tosió-y..., entonces te vi cuando llegué y vi al resto cuchicheando y fue cuando vi a..., Juan..., durmiendo junto a ti con una mano a tu lado y os hicimos una foto y Juan se despertó y se fue muy rojo...
-¡ANA! Me habeis hecho una foto con Juan a mi lado durmiendo después de lo que pasó.-No lo hice como una pregunta sino como una afirmación.-Joder, pero como se os ocurre no haberle echado, Dios.
-Pero... hicisteis algo...
-¡NO! Yo llegué, le vi, me pidió perdón le dije que se fuera y me metí en la cama y me dormí en seguida.
-Verónica, Ana, que llegamos tarde al desayuno, que son ya las nueve y es el último día, ¡a ver que nos ponen!-Nos dijo una compañera de habitación.
Llegamos justo cuando entraba nuestra habitación. Desayunamos chocolate con churros y ese día nos tocaba piragüa y tirolina, nos habían dejado decidir.
Yo entré la última, y Juan estaba en frente de mí pero en la mesa de al lado. Me manché la nariz de chocolate y Juan me hizo una señal para que me lo quitara, me puse roja y salí del comedor.
Cinco minutos después Juan me cogió del brazo y me dijo las palabras mágicas:
-Tenemos que hablar.
-No.-Me solté y me fui.
-No siento haberte besado ayer.-Me paré en seco.-Y sé que tú tampoco porque no hiciste nada por detenerlo, ni morderme ni nada, además de que no podías, y ya sé que me he liado con otra chica pero es que tú me gustas y era un plan que tenía, ponerte celosa para que yo te gustara, pero ya veo que tu novio tiene más poder que yo pero yo solo te... me gustabas, bastante.-Me quedé sin habla. Lo único que se me ocurrió fue seguir para adelante, y cuando crucé la esquina echar a correr, me vio un chico que no era monitor pero que era más mayor que yo:
-¿Estás bien?-Me paré.
Le miré y con ojos tristes seguí corriendo hacia delante.

Ese día por la tarde en la piscina los monitores organizaron un juego con todos los chicos del campamento. Luego, de merienda, hubo Nocilla en el bocadillo. Para cenar tuvimos pizza, y por la noche hubo disco. Eso sí, los monitores no tuvieron ninguna duda a la hora de poner las dos únicas norma para entrar en la disco:
-Va a haber dos normas: 1.Los mayores, los Seniors, se quedarán solo hasta las doce y media de la noche, y los pequeños hasta las once, y 2. Todo el mundo para entrar tiene que tener pareja.-Se oyeron murmullos de todos nosotros, naturalmente los pequeños no tenían problema, pero los mayores...-Sí, y no hay más que hablar, a la, hasta la hora hacer lo que queráis.
Yo llevaba una faldita blanca y una camiseta junto con unas manoletinas en un tono neutro, todo el mundo, y digo todo el mundo, tenía pareja. Cuando nos mandaron entrar fueron revisando a que entráramos, nos quedamos fuera seis personas, cuatro mayores y dos pequeños.
-¿Vais a hacer parejas?-No contestamos ninguno. Como diez minutos después nos hicieron parejas los monitores. Los peques juntos, y de los mayores me tocó con uno gordito y al otro chico con una chica, en cuanto entré por la puerta con mi pareja obligatoria nos soltamos y no nos volvimos a ver.
Estuve bailando todas con mi grupo de habitación, o sea, mis amigas, hasta que empezaron las temidas canciones lentas, Ana se puso con su novio, el resto nos quedamos quietas y algunas decidimos irnos a por algo de beber mientras que las otras bailaban.
Cuando iba en dirección a la barra de bebidas...:
-Eh, eres tú.-Era el chico que me había visto medio llorar mientras corría.
-Eh... Hola.
-¿Bailas?-Me tendió una mano y yo se la cogí.
Bailamos una canción lenta y muy bonita.
-No sé bailar.-Le dije.
-No importa, es así.-Me enseñó.-Oye... ¿estás mejor que esta mañana?
-¿Cómo?-Le miré a los ojos y me estaba sonriendo.-Ah... sí, mucho mejor, gracias.
-¿Qué ocurrió esta mañana?
-Nada, un problema que me surgió con unas chicas...
-Serán estúpidas porque tu eres una gran persona.-Me lo dijo sonriendo y era lo más bonito que me habían dicho, estuve bailando y le di las gracias y luego me disculpé unos segundos antes de que acabara la canción y me fui al baño.
Cuando volví seguían con las lentas, así que vi una silla y me senté.
Como una canción después vi a un chico que se dirigía hacia mí.
-¿Bailas?-Era Juan.
-Vale.-Le cogí la mano.
Bailamos como recientemente me había enseñado el otro chico.
Lento. Apacible. Suave.
-Lo siento.-Le dije.-Por lo de esta mañana.
-¿Por qué lo vas a sentir? ¿Por que me gustes?
-Am.... supongo que sí.
-Eres tontísima.
-¡No te burles de mí!-Protesté mientras le daba un puñetazo en el hombro.
-¡Ay!
-Bueno, pues eso, que lo siento.
-No pasa nada, tranquila, además solo queda esta noche y mañana por la mañana.
Le miré a los ojos, le sonreí y le di un beso en la mejilla, suave, lento, dulce.
-Le prefiero en los labios.-Me dijo. Le miré seriamente.-Vale, vale.
Se acabó la canción,  pero justo al final me abracé a él, él se asombró pero me correspodió al abrazo. Y así pasamos la última canción lenta de la noche, pero antes de separarnos, le susurré:

-Aunque seas por fuera un capullo, eres genial, y guapo, pero genial.
El resto de la noche la pasé bailando y a las doce y media mis amigas y yo lloramos porque era el final del campamento.